sábado, 14 de mayo de 2011

UN MANJAR PARA LOS REYES



Cuando llegamos al mercado de Rajajistán, un recóndito lugar del planeta que hará despertar cada uno de nuestros sentidos, el primer afectado es el olfato, no es náuseabundo aunque sí muy intenso, tanto, que casi nos impulsa a salir corriendo, pero degustar un manjar solo para reyes requiere superar algunos obstáculos.
Una vez recuperados de este impacto, al abrir los ojos, los vibrantes colores de los ropajes de la multitud que deambula calma por las calles, le alegrará el corazón casi sin quererlo. A pesar del calor todos van tapados de los pies a la cabeza, las mujeres con el "saree" y el velo cubriéndoles la cara, y los hombres con sus camisolas cerradas hasta el cuello y pantalones de algodón. Pronto nos acostumbraremos, en cambio, al sonido, porque aún siendo una lengua extraña percibimos en ella la música de su afabilidad.
Los pequeños y coloridos vehículos van a tener doble función, sirven como medio de transporte y rodean al mercado que será nuestra meta. India no es un país eminentemente agrícola pero como una ostra de las profundidades marinas, esconde el fruto codiciado por los paladares más exigentes.
Una vez allí verá tendidas en el suelo las pashminas con los frutos encima, estos son los mangolitchis, Ud. podrá comprarlos por unidad, cuatro rupias cada uno.
Recomiendo que los deguste antes de salir del recinto, acomódese, vea y disfrute del pintoresco paisaje, donde todo parece precario, pero lleva ahí desde el principio de los tiempos.
Mientras saborea los mangolitchis y cómo si de un cuadro se tratara, observe la armonía de la escena, cada quien dueño de su espacio, cada cartel y marquesina tienen el deterioro preciso. El equilibrio es un don de la India.

Y ya que estamos aquí ¡vayamos a comprar más frutos! porque este es el único lugar del mundo dónde los podrá encontrar.

Mercedes Safont

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