
Buenos Aires, 9 de mayo 1989
Querida Magda:
¡Qué difícil es localizarte en Sudán! y se me dificulta aún más gracias a esta "maravillosa" compañía telefónica ENTel. En serio, ¿cómo hacías cuando estabas aquí para comunicarte?, ni siquiera tengo demasiadas esperanzas de que recibas ésta carta, pero de cualquier manera debo intentarlo.
Primero voy derecho a las cuestiones prácticas. Llegué el mes pasado y tal como me habías indicado le pedí las llaves al carnicero de abajo. Es impresionante que te reciba alguien con el mandil ensangrentado, pero fueron muy correctos me ofrecieron su ayuda y en seguida me puse cómodo. La casa está tal como la dejaste. Es un piso enorme, no esperaba algo así; al principio me costaba hallar las habitaciones, me perdía, pero ya me estoy haciendo con ella. No obstante y pese a las dimensiones has conseguido ponerlo muy acogedor ¡te felicito por el estilo!. Empiezo con este tema porque me gustaría acomodar algunas cosas acorde a mis necesidades. Por ejemplo, como hay espacio suficiente me gustaría montar un consultorio, para eso no hay que hacer mucha reforma. La terraza me gusta mucho pero quería mejorarla y cambiar las escaleras de caracol que son de difícil acceso. Voy a esperar igual tu visto bueno.
Otra cuestión es el tema del dinero. Resulta que aquí hay una hiperinflación galopante, me ha costado bastante adaptarme a esta situación de trueque con los famosos "arbolitos". Al principio no entendía nada, y resulta que es gente que está por ahí plantada cambiándote dólares. Son creativos ¡eh!. Cuando fui la primera vez volví en el taxi escuchando los millones de australes que había perdido en el corto trayecto del centro hasta casa. En resumidas cuentas, me parece que el precio que acordamos para el alquiler es irrisorio y el método del depósito bancario no es seguro en este momento, así que si prefieres te lo pago todo junto cuando nos veamos. Como no me conoces tal vez piensas que soy un jeta, pero tus abuelos son mucho más que una recomendación, de hecho, Aurelio y Gregoria han sido para mí un gran referente; creo que estudié medicina de tanto ver a tu "nanu" cómo se le caía la baba cuando hablaba de su nieta médica ¡no te lo voy a negar! un poco celoso sí que estaba, sí. Ellos fueron los que construyeron mi historia sobre España. Aure cada tarde, me contaba alguna batallita de las que pasaron con mi abuelo Osvaldo; al final como te podrás imaginar se repetían, pero Goya las aderezaba con deliciosas galletas y bizcochos.
Nunca llegué a entender por qué se pelearon tu padre y tu abuelo, me daba mucha pena presenciar su tristeza, ¡con lo putas que lo han pasado!. Bueno, no sigo hablando de esto porque no sé cómo lo llevas.
Anteayer Javier me trajo a tu gata Sara y la adopté, o ella a mí, aún no lo sé, pero es raro estar inmerso aquí entre todas tus cosas, es ir conociéndote como preludio a conocerte.
Y por ahora poco más para contar. Espero que te vaya bien con los médicos sin fronteras y que llegue pronto esta misiva, yo, ya sabes, estaré aquí, en tu casa.
cariños Alberto
P.D: ¡Me acabo de acordar! no sé si lo de dejarme fruta y leche en la nevera era una cortesía, pero lo cierto es que ya estaban en mal estado cuando arribé a la Argentina. ¡Mujer! si parecía que habías salido huyendo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario