jueves, 19 de mayo de 2011
Un poco de música
Silvio Berlusconi renversé par Giuseppe Verdi
Durante la representación de Nabucco, tras cantar el Va pensiero que, como sabrán, simboliza todavía para el pueblo italiano la rebelión contra la opresión de los Habsburgo y el inicio de la unidad de la Italia moderna. Muti, el director, se tornó hacia el público y lo arengó a no callar más ante la vergonzosa situación política del país, dicho lo cual, dirigió un bis coreado por todo el teatro. ¿Dónde está lo extraordinario?: Era una protesta en vivo y en directo contra Berlusconi y éste estaba en el palco de honor.
No deja de maravillarme el alcance de las expresiones culturales. Todo hay que decirlo, el tal Muti con un par de bemoles.
Después subo las ideas del taller de hoy.
Mercedes
sábado, 14 de mayo de 2011

Buenos Aires, 9 de mayo 1989
Querida Magda:
¡Qué difícil es localizarte en Sudán! y se me dificulta aún más gracias a esta "maravillosa" compañía telefónica ENTel. En serio, ¿cómo hacías cuando estabas aquí para comunicarte?, ni siquiera tengo demasiadas esperanzas de que recibas ésta carta, pero de cualquier manera debo intentarlo.
Primero voy derecho a las cuestiones prácticas. Llegué el mes pasado y tal como me habías indicado le pedí las llaves al carnicero de abajo. Es impresionante que te reciba alguien con el mandil ensangrentado, pero fueron muy correctos me ofrecieron su ayuda y en seguida me puse cómodo. La casa está tal como la dejaste. Es un piso enorme, no esperaba algo así; al principio me costaba hallar las habitaciones, me perdía, pero ya me estoy haciendo con ella. No obstante y pese a las dimensiones has conseguido ponerlo muy acogedor ¡te felicito por el estilo!. Empiezo con este tema porque me gustaría acomodar algunas cosas acorde a mis necesidades. Por ejemplo, como hay espacio suficiente me gustaría montar un consultorio, para eso no hay que hacer mucha reforma. La terraza me gusta mucho pero quería mejorarla y cambiar las escaleras de caracol que son de difícil acceso. Voy a esperar igual tu visto bueno.
Otra cuestión es el tema del dinero. Resulta que aquí hay una hiperinflación galopante, me ha costado bastante adaptarme a esta situación de trueque con los famosos "arbolitos". Al principio no entendía nada, y resulta que es gente que está por ahí plantada cambiándote dólares. Son creativos ¡eh!. Cuando fui la primera vez volví en el taxi escuchando los millones de australes que había perdido en el corto trayecto del centro hasta casa. En resumidas cuentas, me parece que el precio que acordamos para el alquiler es irrisorio y el método del depósito bancario no es seguro en este momento, así que si prefieres te lo pago todo junto cuando nos veamos. Como no me conoces tal vez piensas que soy un jeta, pero tus abuelos son mucho más que una recomendación, de hecho, Aurelio y Gregoria han sido para mí un gran referente; creo que estudié medicina de tanto ver a tu "nanu" cómo se le caía la baba cuando hablaba de su nieta médica ¡no te lo voy a negar! un poco celoso sí que estaba, sí. Ellos fueron los que construyeron mi historia sobre España. Aure cada tarde, me contaba alguna batallita de las que pasaron con mi abuelo Osvaldo; al final como te podrás imaginar se repetían, pero Goya las aderezaba con deliciosas galletas y bizcochos.
Nunca llegué a entender por qué se pelearon tu padre y tu abuelo, me daba mucha pena presenciar su tristeza, ¡con lo putas que lo han pasado!. Bueno, no sigo hablando de esto porque no sé cómo lo llevas.
Anteayer Javier me trajo a tu gata Sara y la adopté, o ella a mí, aún no lo sé, pero es raro estar inmerso aquí entre todas tus cosas, es ir conociéndote como preludio a conocerte.
Y por ahora poco más para contar. Espero que te vaya bien con los médicos sin fronteras y que llegue pronto esta misiva, yo, ya sabes, estaré aquí, en tu casa.
cariños Alberto
P.D: ¡Me acabo de acordar! no sé si lo de dejarme fruta y leche en la nevera era una cortesía, pero lo cierto es que ya estaban en mal estado cuando arribé a la Argentina. ¡Mujer! si parecía que habías salido huyendo.
LA PEOR LOCURA

En el otoño de 1852 mientras viajaba por las provincias meridionales de Francia, mi camino me condujo a pocas millas de cierta Maison de Santé, o manicomio privado, del cual mucho había oído hablar a mis amigos médicos de París.
La morbosidad acortó esa breve distancia; los relatos que había escuchado sobre las atrocidades que allí se cometían, valían la pena ese trayecto. También la curiosidad, ¿cuánto más me pueden sorprender las barbaridades cometidas por el hombre hacia un igual?. Antes de alcanzar el prestigio que ahora poseo, recorrí la miseria humana en cuerpos tan empobrecidos, que además de la indignidad en la que te sume la enfermedad, se añadía esta otra de la indigencia. ¡En fin!, como sea, quería asegurarme de si aquello era cierto y eventualmente impedir cualquier anomalía que mancillara nuestra tan vapuleada profesión.
Ya estábamos llegando cuando a lo lejos escuché unos alaridos espeluznantes, el cochero asustado intentó disuadirme de continuar, pero me negué pues estábamos a pocos metros de nuestro destino. Mientras caminaba por el pasaje empedrado que conducía a la maison volvieron a oírse los gritos con mayor fuerza y al parecer más cerca, se repitieron por tercera vez con mayor intensidad. Alcancé la aldaba y tras una larga pausa la puerta se abrió. Un enfermero fornido se asomó al umbral abriendo sólo una rendija . Aunque vestía el uniforme convencional, estaba tan mugriento que hacía dudar de su condición sanitaria. Tras presentar mis credenciales, pedí hacer una visita guiada por el nosocomio con la excusa de que me habían hablado mucho de este centro asistenciario. Miró desconfiado pero accedió a acompañarme.
Imposible describir lo que vi en esa cárcel, una cámara de torturas para estos dolientes. ¡Cuán mezquinos en detalles habían sido mis colegas!. Sopesé las posibilidades de liberarlos, ninguna había, estaban fuera de mi jurisdicción. De pronto, me acerqué al orate y solté el perno de sus grilletes. Con ese rayo de cordura que nos otorga la supervivencia, me miró agradecido en silencio y sin moverse. Así fuí haciendo con todos. El enfermero estaba tan apurado por sacarme de allí que nunca percibió la treta. El corazón me latía con fuerza, aunque después lo contaría burlándome de aquellos sádicos cretinos, ésta fue la aventura más arriesgada que hubiera podido vivir.
De repente uno de los internos más cuerdo salió al pasillo corriendo y fue perseguido por otro guardián, pero, al fin, tras escapar por una cloaca, uno de los prisioneros logró poner en libertad a los demás
Mercedes Safont
UN MANJAR PARA LOS REYES

Cuando llegamos al mercado de Rajajistán, un recóndito lugar del planeta que hará despertar cada uno de nuestros sentidos, el primer afectado es el olfato, no es náuseabundo aunque sí muy intenso, tanto, que casi nos impulsa a salir corriendo, pero degustar un manjar solo para reyes requiere superar algunos obstáculos.
Una vez recuperados de este impacto, al abrir los ojos, los vibrantes colores de los ropajes de la multitud que deambula calma por las calles, le alegrará el corazón casi sin quererlo. A pesar del calor todos van tapados de los pies a la cabeza, las mujeres con el "saree" y el velo cubriéndoles la cara, y los hombres con sus camisolas cerradas hasta el cuello y pantalones de algodón. Pronto nos acostumbraremos, en cambio, al sonido, porque aún siendo una lengua extraña percibimos en ella la música de su afabilidad.
Los pequeños y coloridos vehículos van a tener doble función, sirven como medio de transporte y rodean al mercado que será nuestra meta. India no es un país eminentemente agrícola pero como una ostra de las profundidades marinas, esconde el fruto codiciado por los paladares más exigentes.
Una vez allí verá tendidas en el suelo las pashminas con los frutos encima, estos son los mangolitchis, Ud. podrá comprarlos por unidad, cuatro rupias cada uno.
Recomiendo que los deguste antes de salir del recinto, acomódese, vea y disfrute del pintoresco paisaje, donde todo parece precario, pero lleva ahí desde el principio de los tiempos.
Mientras saborea los mangolitchis y cómo si de un cuadro se tratara, observe la armonía de la escena, cada quien dueño de su espacio, cada cartel y marquesina tienen el deterioro preciso. El equilibrio es un don de la India.
Y ya que estamos aquí ¡vayamos a comprar más frutos! porque este es el único lugar del mundo dónde los podrá encontrar.
Mercedes Safont
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